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por movimiento300

ARENA, después de un proceso de elección interna, tiene un candidato presidencial para febrero del 2019. Las críticas o aportes sobre el proceso no nos corresponden. Sin duda, ese instituto político ha marcado la punta de lanza de democracia interna. ¿Mala o buena? Es una pregunta que ellos deben contestar.

Si bien es cierto la estrategia territorial de Carlos Calleja fue eficiente para ganar de manera holgada su candidatura, es importante que tenga claro que eso no le alcanza para ganar la presidencia de la República. Para febrero del 2019 necesita la base territorial que construyó, pero también a los actores de la política nacional, la sociedad civil, que no terminaron de engranar en lo que hasta ahora ha propuesto.

Los grupos formadores de opinión más importantes del país, las organizaciones políticas no partidarias con experiencia, las élites intelectuales y el impulsor de la economía más eficiente para El Salvador, la clase media; tienen que recuperar la esperanza en un proyecto de país que ofrezca la certidumbre y condiciones para autorealizarse, misma que hemos perdido en los últimos diez años.

El llamado a la unidad no puede seguir siendo un llamado vacío, que solo invite a apoyar porque no tenemos otra opción, esa lógica ya la escuchamos en el pasado y así llegaron a la presidencia los deplorables actores que hemos visto en esa silla.

Si el proyecto para el 2019 pretende poner a cambio de la unidad el actual deterioro de las instituciones, la implementación de políticas públicas fracasadas, el apoyo a estructuras partidarias por sobre lo correcto, ese es un precio que no estamos dispuestos a pagar.

Quien quiera ser el próximo presidente de El Salvador debe lograr que los ciudadanos salgan el próximo 3 de febrero a votar por el mejor. Por el candidato que convenza a los ciudadanos que es el mejor porque tiene el liderazgo de formar al equipo más capaz y que tendrá el valor de tomar las mejores decisiones para transformar el país. Todo esto con una defensa sólida de los principios de la vida, libertad y propiedad. Se trata de que como sociedad votemos con ilusión y esperanza y no simplemente miedo.

Si Carlos Calleja quiere ser un presidente con el capital político para llevar a término las decisiones difíciles que se deben tomar en el próximo mandato, debe seguir parado en el trabajo que ha realizado en las estructuras del partido; pero también, debe mirar al lado y extender la mano para pedir apoyo a todos los miembros de la sociedad que no necesariamente pertenecen o se sienten identificados por el partido ARENA. A ellos los debe convencer con el proyecto de liderazgo y de convicciones que desea implementar, un proyecto que se llame El Salvador.

Ese proyecto “El Salvador” necesita de las mejores mentes, de las mejores ideas sustentadas en principios y valores claros, necesita líneas de acción que respondan a las preguntas ¿qué?, ¿quién? y ¿cómo? Esas preguntas no están resueltas todavía. Pero es necesario empezar a construir ese mapa de ruta que nos lleve al país en el que queremos vivir.

Ya es tarde para comenzar, pero necesitamos empezar hoy. Es urgente construir ese plan de nación que convenza, que inspire, que motive a los salvadoreños a salir a votar no por el menos peor, sino que los motive a salir a votar para de manera contundente transformar El Salvador.

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VOTAR PARA TRANSFORMAR EL SALVADOR, NO POR EL MENOS PEOR