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por movimiento300

Preocupante es que quizá sin malas intenciones se confunda el verdadero sentido de la defensa de la vida, propiedad y libertad. Y es que el debate generado después del discurso de Medardo González a los jóvenes del “Campamento Guerrillero” del FMLN ha despertado alarmas en diferentes grupos de la sociedad.

El punto clave del discurso de Medardo es la afirmación que hace respecto de “pasar los medios de producción a manos del pueblo”. De ahí parte el primer error de cualquier análisis, ya que no existen interpretaciones sobre lo que dice. Hay que tomarlo como es: literal.

Y es que bien apunta Ludwig V. Mises, en su libro “La Mentalidad Anticapitalista”, que cuando un enemigo de la libertad habla de eliminar la propiedad privada se refiere, sin matices, a quitar lo ganado con trabajo no solo a empresarios, también a los ciudadanos, ya que en su fatal arrogancia los socialistas se creen iluminados para dirigir el destino de los individuos.

Hablemos de historia. Desde la fundación de la República el rol del Estado debería ser la defensa no solo de la propiedad de los individuos, sino de la vida y la libertad de cada uno. Reducir la defensa de esta filosofía solo a la propiedad es en efecto uno de los planteamientos que hacía Marx para justificar la lucha de clases en la que descansa una ideología fracasada que solo ha llevado muerte, pobreza y miseria a los pueblos por más de 100 años.

Por lo tanto, lo que debe primar es la República, un sistema de instituciones que pueda, en efecto, defender la vida, la libertad y la propiedad. Mezclar o decir que esos principios se llaman democracia también es una trampa de la dialéctica socialista que antepone el mal llamado “poder del pueblo” por sobre instituciones que hagan valer la libertad de los ciudadanos. De eso en realidad hablaba Locke en el siglo XVII.

Lo sentimos, no podemos estar de acuerdo con Medardo González en ningún punto. Debemos evitar caer en las trampas de su discurso como plantear “una sociedad más incluyente”, al ser este el eslogan de la falsa solidaridad y de la imposición, de la tiranía.

Al hablar de inclusión y medios económicos justos dejamos de lado que el socialismo es por excelencia la exclusión porque minimiza al individuo, no lo acepta. Trata de convertir a uno en un todo y eso es injusto.

Falsamente cuando mencionan la idea de sistemas económicos “justos”, el ataque suele ser al capitalismo. Sin embargo, el capitalismo es el sistema más justo porque es el que permite que el individuo se supere tanto como él decida y actúe.

Hablar de “reducir desigualdades sociales” es un eufemismo para justificar la “redistribución de la riqueza”, es decir quitar a otros lo que han ganado; sobre todo cuando el problema ni siquiera es la desigualdad sino la pobreza. El Estado no es el responsable de “nivelar a las personas”, es el responsable que estas puedan, en un país libre y seguro, alcanzar sus propios objetivos por sí mismos.

El verdadero problema en este ejercicio es la relativización del discurso de Medardo. Comprar los falsos argumentos de desigualdad, de equiparación vía Estado y sobre que el Estado debe jugar un rol paternalista sobre los ciudadanos es, en efecto, pensar igual que González, pero de una manera más “light”.

Lo que se necesita es que el Estado se dedique a defender la vida, la libertad y la propiedad de los ciudadanos. Si solo logrará hacer eso bien, los individuos somos capaces de alcanzar nuestras aspiraciones y metas. Los ciudadanos solo necesitan que los dejen desarrollarse en libertad, sin la intervención de terceros que en su búsqueda del “bien” solo entorpecen el desarrollo natural de las personas.

Cada quien tiene que jugar su rol, pero en libertad.

Eso es defender la vida, la propiedad y la libertad… de verdad. Lo demás es falacia.

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