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por movimiento300

“A mí ningún político me da de comer; si no trabajo, no como” es una de las frases más comunes de los ciudadanos que deciden excluirse de los temas políticos del país. Y su afirmación tiene mucho sentido. Excepto que la frase del mal político dice: “Usted trabaje, que si usted no lo hace, yo no como”. Y es que si le interesa la política o no, el Estado siempre toma una parte de lo que usted gana. Eso se llama impuesto.

Hoy, 30 de abril, es el día límite para declarar el Impuesto Sobre la Renta (ISR); es decir, hoy todos los que producimos para el país tenemos que ir y pagarle al Ministerio de Hacienda nuestra contribución por ser productivos. Muy claro lo dejaba Ludwig von Mises cuando decía: “Gravar los beneficios equivale a gravar el éxito”.

Y de aquí en adelante entra el debate donde los que rechazamos esta práctica somos descalificados, y no porque estemos en contra de pagar, sino porque no recibimos a cambio lo que merecemos por ese pago.
Los señalamientos de los políticos, de los amantes del Estado, dicen que somos poco “solidarios” por oponernos a dar dinero para los más necesitados. Dos puntos son claves en ese señalamiento: primero, la solidaridad solo es un valor en cuanto es voluntaria; por lo tanto, los impuestos no cumplen con esa valoración; segundo, ¿en nuestro país quiénes son los más necesitados? ¿Los políticos de turno que despilfarran lo recaudado?

Fuera del debate queda el análisis real de que, vía impuestos, se coloca una barrera al ahorro, ahorro que después puede ser invertido en otros esfuerzos productivos que generen mayor bienestar para otros ciudadanos e impacten de manera contundente a los más necesitados, no dándoles regalos, si no generando oportunidades de empleo.

Tampoco se habla de la mala administración pública que hacen los funcionarios del dinero que es nuestro, ya que como es un dinero que no han ganado ellos y que siempre llega a sus bolsillos, lo utilizan para pagarse privilegios desde sus posiciones de poder. “El dinero que no cuesta, se hace agua”, lo relevante es que a nosotros los que trabajamos y pagamos impuestos, nos cuesta… y mucho.
Por si no lo sabe, siendo usted empleado, su salario de al menos tres meses del año lo dedica al pago de impuestos. ¿No cree que es hora de exigir de verdad los servicios públicos que todos nos merecemos por nuestro pago?

Hay una paupérrima calidad de los servicios públicos que deberíamos recibir a cambio de ese pago. Escuelas sin techo, hospitales sin medicinas, servicios públicos deficientes y con una atención pésima para los contribuyentes son pocos ejemplos de que el pago de impuestos no tiene un impacto positivo para los salvadoreños.

Sin embargo, la queja recurrente de los burócratas es que nunca alcanza el dinero y la solución siempre es que los que ya pagamos impuestos, paguemos más. ¿Más impuestos, para qué? Esa es la respuesta que debemos buscar. Lo claro es que mientras el aparato estatal siga creciendo desmedidamente y sea la sección de recursos humanos de los activistas de partidos políticos, el dinero no alcanzará para lo que debe ser utilizado.

Así que la próxima vez que piense que si usted no trabaja, no come, y por eso es mejor ser indiferente a la política, también reflexione sobre la idea que si usted no trabaja, los políticos no comen, porque usted los mantiene vía impuestos que castigan su éxito y limitan recursos que de otro modo llegarían a su bolsillo y podría ocuparlos para darle una mejor calidad de vida a sus familias.
Ahora, celebremos el día de los impuestos. ¡Felicidades!

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¡Feliz día del impuesto!