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por movimiento300

En los últimos días, hay una ofensiva sobre la despenalización del aborto en el país. El tema sobrepasó a los políticos tradicionales y ahora ocupan a personas de la sociedad civil. Dos artículos de la semana pasada llamaron nuestra atención y creemos merecen algunas reflexiones.

Hay que aclarar de entrada que no estamos en contra de las mujeres: defendemos la vida de ambos, por ser individuos.

Lo primero que llama la atención es el manejo del tema, cómo lo han llevado a un plano emocional, con posiciones personales, supuestas victimizaciones y presunciones. Algo que limita el análisis objetivo de lo racional. Y por eso es importante quitar dichas valoraciones de la mesa.

El análisis de los artículos está enfocado en las consecuencias y no en las causas. Cuando se habla de proteger a la mujer permitiéndole asesinar a un no nacido por violación se habla de erradicar la consecuencia, no la causa. ¿Qué se hace para erradicar las violaciones?

Esto genera una dicotomía entre la vida de la madre y la del no nacido, como si de escoger se tratara, o de darle preponderancia más a una que otra. Lo cierto es que ambas vidas valen lo mismo y el enfoque debería de ser salvar ambas.

El conflicto entre dos partes es una vieja práctica de ideas que siempre causa muerte y miseria.

El análisis busca confundir, al exponer argumentos técnicos, mezclando el pasado con el presente y una visión del futuro. Claramente el recurso técnico es para fortalecer una idea sin fundamento, moldeando la ley a medida, lo cual riñe con la Igualdad frente a la Ley, con el derecho a la vida.

Los artículos están llenos de generalizaciones y presunciones: que todas las mujeres pobres quieren abortar, que todas las ricas abortan en el exterior, que todas las niñas pobres son violadas. Pero esas son excepciones, no reglas.

Es importante esta distinción porque la ley solo puede legislar en base a la regla, no a la excepción. No negamos que estos casos existan, pero son excepciones, no reglas.

En nombre de la “victimización”, la solución que pretenden es que el Estado sea quien de manera legal ejecute el homicidio del no nacido. Lo que equivale a que los miles de contribuyentes financiemos acciones que no apoyamos. Eso es autoritarismo a través de la ley.

Justifica vida por muerte en nombre de la defensa de las mujeres y niñas, las somete a un proceso que es traumático y con consecuencias graves de salud, en un sistema de salud incierto y en un sistema judicial ineficaz, lo que devela un interés ideológico político y no un interés genuino por las mujeres, consciente o inconscientemente.

Es un tema político-ideológico. Prueba de ello es que son temas de siempre de los enemigos de la libertad. Es curioso cómo ahora sí ven como apoyo a personas que defienden libertades que ellos aborrecen y eliminan. Lo único que generan es división y cortinas de humo.

¿Por qué empujan este tema al final de una legislatura? ¿Por qué ahora que perdieron diputados? No es casualidad.

La ONU, que evita condenar violaciones a los derechos humanos que están sucediendo en la región, ahora en nuestro país impulsa el homicidio de no nacidos. Eso es una “colonización cultural” que tiene base en una agenda de algunos personeros, organizaciones y partidos políticos.

En nombre de la dignidad quieren dar herramientas para socavar la dignidad. No hay dignidad sin vida, por lo que el valor superior es la vida en sí misma.

Respetamos el esfuerzo de tratar de racionalizar el tema, lo que permite desarmarlo de manera eficaz. Lo que no se vale es el manejo malicioso de emociones, las presunciones, el conflicto de vidas, la confusión legal y las mentiras inexactas disfrazadas de buena voluntad.

No se trata de debatir la legalización del aborto, mejor hablemos de defender la vida de mujeres, hombres y no nacidos.

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DEBATAMOS SOBRE LA VIDA, NO SOBRE EL ABORTO